Italia, Historia, parte II, Italia y la Guerra Mundial 1 y 2
6.4 El reino de Italia
El 17 de marzo de 1861 tuvo lugar la proclamación del reino de Italia. Víctor Manuel II pasó a ser su rey y Cavour el primer ministro. Sin embargo, aún quedaban dos regiones fuera del reino, Roma y Venecia. Cavour, que estaba trabajando para conseguir una unificación pacífica de todo el reino, murió en junio. Al año siguiente Garibaldi marchó a Sicilia y organizó la marcha sobre Roma. Temeroso de una intervención francesa, el gobierno italiano denunció a Garibaldi, que junto con sus seguidores, fue detenido por las tropas del rey cuando desembarcó en Calabria y obligado a rendirse en agosto de 1862. En 1866 Italia se alió con Prusia en la Guerra Austro-prusiana contra Austria y finalmente se hizo con el control de Venecia. Por el contrario, Roma seguía siendo reacia a la unificación, animada por la victoria que Francia y el Papado habían obtenido frente a la nueva tentativa de Garibaldi y sus seguidores, que habían sido derrotados en Mentana (1867). En 1870, las reservas francesas que participaban en la Guerra Franco-prusiana indujeron a Napoleón III a retirar sus tropas de Roma, con lo que los italianos pudieron finalmente entrar en la ciudad. En octubre se celebró un plebiscito cuyo resultado fue favorable a la unión con el reino de Italia, y en julio de 1871 Roma se convertía en la capital de la Italia unificada.
6.4.1 La aventura colonial
Tras la muerte de Víctor Manuel (enero de 1878), su hijo, Humberto I, ascendió al trono de Italia. Durante su reinado, Italia firmó en 1882 la Triple Alianza con Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, que imponía una división de Europa en dos bloques enfrentados. Humberto I fue asesinado el 29 de julio de 1900 por un anarquista, tras lo cual su hijo, Víctor Manuel III, ocupó el trono. Mientras tanto, animado por los ejemplos de Francia y Gran Bretaña y por el deseo de que los problemas sociales y económicos del país pasaran inadvertidos, el gobierno puso en marcha un programa de política colonial. A comienzos de 1885, una expedición italiana ocupaba una parte de África oriental que en 1890 se consolidó como la colonia italiana de Eritrea. Ese mismo año Italia creó un protectorado al sur de la Somalia británica. Después, el primer ministro Francesco Crispi decidió avanzar posiciones desde los territorios costeros y tomar las tierras interiores de Etiopía, pero en 1896 los italianos sufrieron una seria derrota en Adua y, por el Tratado de Addis Abeba, se vieron obligados a reconocer la independencia de Etiopía. En 1911 intentó hacerse con el dominio de Libia y entró en guerra con el Imperio otomano, consiguiendo finalmente la posesión de Tripolitania y Cirenaica.
6.4.2 Italia antes de la I Guerra Mundial
Entre 1901 y 1914, el primer ministro Giovanni Giolitti gobernó en el país, siendo este un periodo caracterizado por el intenso desarrollo social y económico. Giolitti fue acusado de interferir en el proceso electoral, de tolerar el proteccionismo y de haber creado en la práctica una dictadura parlamentaria, sin embargo, fue el artífice de la creación de la Italia moderna. Mientras presidió el Consejo llevó a cabo un gran número de reformas: reconoció el derecho a la huelga de los trabajadores, introdujo cambios en la ley electoral que permitieron a un mayor número de votantes participar en los sufragios, permitió la participación de los católicos en la toma de decisiones políticas y además se aprobó la primera ley destinada a la estimulación del desarrollo de la zona meridional del país. En cuanto a la política exterior, mejoró la relación con Francia mientras Italia formó parte de la Triple Alianza. Durante la era Giolitti, la tasa de crecimiento industrial era del 87% y el salario de la masa trabajadora creció por encima del 25%, y además se redujo la jornada laboral y se garantizó el derecho de los trabajadores a disfrutar de días de descanso. En muchos aspectos, Italia era una democracia en vías de formación, pero el estallido de la I Guerra Mundial frenó su proceso de crecimiento.
6.4.3 La I Guerra Mundial
Cuando en agosto de 1914 estalló la I Guerra Mundial, el gobierno italiano abandonó la Triple Alianza y se declaró neutral. Tras la firma del Tratado de Londres con las potencias aliadas, Italia declaró la guerra al Imperio Austro-Húngaro, al Imperio otomano y un año más tarde a Alemania. Italia envió un gran ejército a la región de Trentino, en el Tirol meridional; después, en 1916, los austriacos atacaron en varios puntos del noreste de Trento y de la orilla oriental del río Adigio, y se hicieron con las ciudades de Asiago y Asiero. Los italianos lograron recuperar casi todo el territorio y tras lanzar una ofensiva sobre el río Isonzo, en la región de Venecia Julia, el 9 de agosto tomaron la ciudad de Gorizia. Sin embargo, el ejército italiano avanzaba poco. En octubre de 1917, un ejército conjunto de austriacos y alemanes atacó a los italianos, que sufrieron una dramática derrota en Caporetto. Los italianos retrocedieron y abandonaron tanto Gorizia como las mesetas de Kras. La línea italiana desde los Alpes Julianos hasta el mar Adriático se encontraba amenazada por el enemigo. Los italianos se retiraron al río Piave y, ayudados por un pequeño grupo contingente franco-británico, consolidaron sus defensas y pudieron enfrentarse con el ejército austriaco que atacó en junio de 1918. Los italianos y sus aliados tomaron la iniciativa en la ofensiva, y consiguieron una victoria aplastante en la batalla de Vittorio Véneto, que tuvo lugar entre el 24 de octubre y el 4 de noviembre. Después, el ejército italiano ocupó Udine y Trento, al tiempo que la Marina desembarcaba en Trieste. Entretanto, el 3 de noviembre, el gobierno de Austria-Hungría y los aliados firmaron un armisticio. Las bajas italianas durante la guerra superaron el medio millón. En los tratados firmados tras el conflicto, Italia se hizo con el control del Trentino-Alto Adigio hasta el paso del Brennero, Trieste, Istria y el Tirol meridional, pero no consiguió hacerse con el resto de los territorios que contemplaba el Tratado de Londres, especialmente Dalmacia y Fiume, lo que generó la cuestión del irredentismo italiano. En noviembre de 1920 Italia y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (posteriormente llamado Yugoslavia) firmaron el Tratado de Rapallo, por el que Italia renunciaba a Dalmacia y Fiume pasaba a ser una ciudad libre.
6.4.4 Los años de la posguerra
Entre 1919 y 1922, el país vivió una etapa de problemas sociales y políticos, inflación y conflictos económicos que se agravaron por la creencia de que Italia había ganado la guerra pero había perdido la paz. Bandas armadas con fuertes inclinaciones nacionalistas, los fascistas se enfrentaban con grupos socialistas y comunistas en Roma, Bolonia, Trieste, Génova, Parma y otros puntos del país. Durante el último mandato de Giolitti (1920-1921), se recuperó al menos en apariencia la normalidad. El primer ministro creó un bloque nacional integrado por liberales, nacionalistas y otros grupos políticos, incluidos los fascistas, pero no consiguió consolidar una mayoría parlamentaria estable debido a la oposición de los dos partidos políticos mayoritarios: el Partido Socialista Italiano (PSI) y el recién creado Partido Popular Católico (o democristiano). Ante la situación, Giolitti dimitió, quedando el país sumido en un periodo de incertidumbres. Muchos propietarios temían que los campesinos les arrebataran sus tierras, la clase media y los empresarios temían el advenimiento de un régimen del tipo soviético y los conservadores católicos temían que el socialismo, el comunismo y el ateísmo amenazaran el orden religioso. El 24 de octubre de 1922, el líder del movimiento fascista, Benito Mussolini, que contaba con el apoyo de los conservadores y de antiguos militares, pidió que la formación del gobierno le fuera encargada a su partido, e incluso amenazó con tomar el poder por la fuerza si su propuesta era rechazada. Los fascistas organizaron la denominada ‘Marcha sobre Roma’ que acabó con la dimisión del primer ministro, Luigi Facta. El 28 de octubre de ese año, el rey Víctor Manuel III le encargó a Mussolini la formación de un nuevo gobierno.
6.4.5 La dictadura fascista
Aunque Mussolini fue investido de amplias prerrogativas de gobierno con objeto de restaurar el orden en el país, al principio gobernó dentro de los márgenes constitucionales. En 1923 encabezó un gobierno de coalición en el que participaban liberales, nacionalistas, y católicos, así como los seguidores del fascismo. La violencia desatada en las elecciones de 1924 y el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti ese mismo año provocó la supresión del orden constitucional. Poco a poco Mussolini creó un Estado totalitario en el que el Parlamento carecía de poderes. Además, se declaró responsable de sus actos sólo ante el rey y obligó al Parlamento a que reconociera su autoridad para aprobar decretos con rango de ley. También estableció la censura de los medios de comunicación y en 1926 suprimió los partidos de la oposición.
6.4.5.1 Política económica
En 1928 nuevas medidas se sumaron a las anteriores en el proceso de transformación de la nación en un estado fascista. El poder supremo estaba en manos del Gran Consejo Fascista, al que pertenecían los altos cargos del partido y cuyo presidente era el primer ministro. El Gran Consejo elegía a los candidatos a la Cámara de Diputados, además de tener la prerrogativa de ser consultado sobre cualquier cuestión de importancia, especialmente sobre la elección de un heredero al trono y sucesor de Mussolini. El dictador consiguió uno de sus triunfos diplomáticos más importantes en 1929 con la firma de los Pactos de Letrán entre el Estado italiano y la Santa Sede, que acabaron con 60 años de controversia sobre el poder temporal del papa, que se originó tras la creación en Roma de la Ciudad del Vaticano. En 1934, la creación de 22 corporaciones en las que estaban representados los trabajadores y los empresarios del país, supuso un paso más en la reorganización de la actividad económica de Italia como Estado corporativo. Todas las corporaciones contaban con miembros del partido fascista en sus consejos de administración, y Mussolini era el presidente de todas ellas. Los distintos consejos formaron el Consejo Nacional de Corporaciones.
Durante la depresión económica mundial que comenzó en 1929, el gobierno fascista acentuó su intervención en la economía del país para evitar la desintegración de numerosas industrias. La construcción de nuevas fábricas o la ampliación de las ya existentes no podía llevarse a cabo sin el consentimiento expreso del gobierno, que reorganizó la industria metalúrgica, amplió las plantas hidroeléctricas y se embarcó en una serie de proyectos de obras públicas. Casi a finales de 1933, Mussolini anunció que la Cámara de Diputados debía transferir sus funciones al Consejo Nacional de Corporaciones, hecho que ocurrió en 1939, en que la Cámara de Diputados cedió su lugar a la Cámara de Fascios y Corporaciones, formada por 800 miembros nombrados por el Consejo Nacional de Corporaciones. Las corporaciones de los distintos sectores industriales se encargaban de regular los precios y salarios y planificar la política económica, entre otras funciones.
6.4.5.2 La relación con Alemania
El nombramiento en 1933 de Adolf Hitler como canciller de Alemania fue recibido con cautela por la censurada prensa italiana. Hitler, en cambio, manifestó su simpatía hacia el fascismo italiano. No obstante, el eje germano-italiano no se formó inmediatamente, y las relaciones entre Francia e Italia incluso mejoraron durante cierto tiempo, en parte debido al intento alemán de incorporar Austria al III Reich en 1934. Mussolini mandó 75.000 soldados italianos a la frontera con Austria y anunció que intervendría si Alemania invadía Austria. Italia dio un paso más en su relación con las potencias que habían sido sus aliadas durante la I Guerra Mundial en 1935, al formar junto con Francia y Gran Bretaña el Frente de Stresa, instituido en una conferencia celebrada en esta ciudad italiana para protestar contra las reiteradas violaciones del Tratado de Versalles por parte de Alemania.
6.4.5.3 La campaña de Etiopía
El suceso que trastocó la alineación de los países europeos y propició el entendimiento entre las dictaduras nacionalista de Alemania y fascista de Italia fue la invasión italiana de Etiopía en 1935. Era un hecho admitido que este país africano quedaba dentro de la esfera de influencia italiana, al que estaba vinculado por numerosos acuerdos, sobre todo comerciales. Sin embargo, Italia aprovechó cualquier ocasión para intentar hacerse con el control de Etiopía y convertirla en una colonia del imperio italiano. Antes del estallido de la guerra, Italia y Francia firmaron en 1935 un acuerdo por el que Italia se comprometía a ayudar a Francia, que pretendía evitar el rearme de Alemania, y a cambio Francia se comprometía a entregar ciertas posesiones africanas a Italia. Gran Bretaña, que vio en la agresiva política de expansión italiana una amenaza para sus intereses en África, se opuso enérgicamente al plan de Mussolini.
El 3 de octubre Italia invadió Etiopía. Cuatro días más tarde, la Sociedad de Naciones acusó a Italia de violar los compromisos adquiridos y le impuso sanciones económicas por su agresión. Sin embargo, la Sociedad de Naciones fue incapaz de hacer efectivas dichas sanciones, lo que contribuyó a que Mussolini consiguiera su propósito y, el 9 de mayo de 1936, el dictador ocupó oficialmente Etiopía y proclamó al rey Víctor Manuel III emperador de Etiopía. En el plazo de un mes, junto con Eritrea y la Somalia italiana, Etiopía formó la colonia del África Oriental Italiana. En octubre de 1936, tras el reconocimiento alemán de la conquista de Italia, Hitler y Mussolini firmaron un acuerdo de actuación conjunta de cara a conseguir sus objetivos comunes.
6.4.5.4 La Guerra Civil española
El apoyo activo de Mussolini a la causa del general Francisco Franco en la Guerra Civil española contribuyó a complicar el ya difícil panorama de la economía italiana. Las tropas italianas desempeñaron un papel de importancia en las batallas de Málaga y Santander. La Fuerza Aérea italiana participó en numerosos combates y los submarinos italianos hundieron, supuestamente, muchos barcos neutrales que se dirigían a los puertos leales al gobierno republicano cargados de combustible, alimentos y otros suministros. En la batalla de Guadalajara (marzo de 1937), el ejército republicano derrotó a las fuerzas italianas. Según un oficial italiano, la derrota se saldó con 4.000 bajas y 15.000 heridos.
6.4.5.5 El Eje Roma-Berlín
La cooperación entre Italia y Alemania empezó a dar sus frutos en 1937. Después de la visita de Mussolini a Alemania, en septiembre, Italia anunció su adhesión al Pacto Anti-Komintern que habían suscrito Alemania y Japón, y poco después abandonó la Sociedad de Naciones. La primera acción importante de la política de apoyo a Alemania fue la negativa de Mussolini a ayudar a Austria cuando en marzo de 1938 esta fue anexionada por Alemania. Mientras tanto, la ideología nazi encontraba en Italia una aceptación cada vez mayor, lo que se reflejó en la adopción de una serie de medidas encaminadas a impedir la participación en la vida pública de los judíos italianos. Dichas medidas se completaron con la aprobación de una ley para excluir a los judíos de los órganos de gobierno tanto civiles como militares. En el transcurso de las negociaciones del Pacto de Munich (1938) y la posterior invasión alemana de los Sudetes (que condujo a la desintegración del Estado checoslovaco), Mussolini apoyó en todo momento las demandas de Hitler. En mayo de 1939 firmaron un pacto de ayuda militar, cuyas consecuencias más inmediatas fue la anexión de Bohemia y Moravia por parte de Alemania y la de Albania por parte de Italia.
6.4.6 La II Guerra Mundial
Cuando en septiembre de 1939 comenzó la II Guerra Mundial, Mussolini dejó claro que él no estaba obligado a ayudar militarmente a Alemania, ya que anteriormente había dejado muy claro a los nazis que Italia no estaría preparada para la guerra hasta 1942.
6.4.6.1 La entrada en la guerra
Los éxitos de Alemania durante el primer año del conflicto, hicieron que Mussolini cambiara su política. En junio de 1940, Francia había sido derrotada y Gran Bretaña estaba aislada frente al poderoso Ejército alemán; Italia decidió intervenir en el conflicto y conceder un armisticio a Francia. En agosto de 1940, el Ejército italiano del África Oriental ocupó la Somalia británica, y el mes siguiente las tropas fascistas de Libia y el África Oriental Italiana desplegaron una gigantesca maniobra que tenía como objetivo aplastar las defensas británicas de Egipto. El 28 de octubre de 1940, las fuerzas fascistas desplegadas en Albania invadieron Grecia, en teoría para desviar las tropas británicas de Egipto y asegurarse posiciones en la península griega. No obstante, la invasión no tuvo éxito y los griegos consiguieron expulsar a los italianos de Grecia y Albania. La derrota, a la que le siguieron las victorias británicas en el Mediterráneo y Egipto, hizo tambalearse los cimientos del régimen fascista. Mussolini se vio obligado a pedirle ayuda a Hitler, con lo que a partir de entonces la influencia alemana fue cada vez mayor en todos los campos de la política italiana. Los grandes cambios realizados en la cúpula militar italiana y otras reformas puestas en práctica no lograron devolver la moral al pueblo italiano.
6.4.6.2 La ocupación de los Balcanes
En 1941, Italia, además de sufrir varias derrotas, veía cómo la crisis económica empeoraba a causa del bloqueo aliado. Los sentimientos antifascistas se propagaron entre la población. El resultado satisfactorio de la campaña de los Balcanes, que fue posible gracias a la ayuda de Alemania, compensó de alguna manera a los fascistas, ya que Italia se había hecho con el control de algunos territorios más. Mediante un acuerdo con Alemania, Italia recibió la casi totalidad de Grecia, aunque muy pronto se dio cuenta de que sus posesiones en los Balcanes eran un espejismo, en vista de que era Alemania quien realmente ejercía el control del territorio griego. Además, Italia se vio obligada a pagar un precio cada vez mayor por la ayuda militar de Hitler. Las reservas de alimentos y otros artículos disminuían como consecuencia de las enormes cantidades que eran enviadas al III Reich a cambio del carbón y el petróleo alemán. Italia declaró la guerra a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) el 22 de junio de 1941, el mismo día que se produjo la invasión alemana, y cinco semanas más tarde, la I división italiana partió hacia el frente soviético. Las dificultades que encontró Alemania en su ofensiva hicieron que Hitler ejerciera cada vez más presión sobre el dictador italiano.
6.4.6.3 La entrada de Estados Unidos en el conflicto
Al tiempo que sucedían estos hechos, las relaciones entre Estados Unidos e Italia se deterioraban progresivamente. En marzo, el gobierno de Estados Unidos retuvo 28 barcos mercantes italianos en los puertos del país y arrestó a los miembros de las tripulaciones que sabotearon las embarcaciones por orden del agregado naval italiano en Washington D.C. Además, exigió la inmediata destitución del agregado, ante lo cual Italia respondió exigiendo la destitución del agregado militar estadounidense en Roma. En junio, las propiedades del gobierno italiano en Estados Unidos fueron confiscadas, ante lo cual Italia actuó de igual manera con las propiedades estadounidenses en el país. La alineación de países alcanzó su punto de máxima tensión en diciembre, cuando Mussolini, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, declaró la guerra a Estados Unidos.
En 1942, el fascismo italiano tenía ante sí un panorama desalentador. En el norte de África las efímeras victorias italo-germanas se desvanecían ante las ofensivas enérgicas lanzadas por los británicos. Las tropas del Eje sufrieron serios reveses en la URSS. Las tropas de ocupación italianas en Albania, Yugoslavia y Grecia sufrieron pérdidas de consideración a causa de la resistencia planteada por sus respectivas guerrillas.
6.4.6.4 El control alemán
Mientras el pueblo italiano se enfrentaba a un crudo invierno debido a la escasez de alimentos y combustible, el control alemán sobre el país, la corrupción e ineficacia de los oficiales fascistas y el incumplimiento de las leyes de racionamiento por parte de los más ricos e influyentes contribuía a crear un ambiente dominado por la falta de moral. En octubre, los británicos protagonizaron una serie de ataques aéreos contra las ciudades industriales del norte del país. Por otra parte, las tropas británicas y estadounidenses establecieron bases aéreas en Argelia y Cirenaica y bombardearon el sur de Italia. El prestigio político del régimen fascista era cada vez menor. En febrero de 1943, con la esperanza de cambiar la situación, Mussolini asumió el control absoluto de los asuntos políticos y de las operaciones militares. Cuando en mayo las tropas del Eje fueron derrotadas en Tunicia, creó un Consejo de Defensa para prepararse contra una posible invasión aliada del país. Todos sus esfuerzos por reforzar las defensas y levantar la moral del país resultaron infructuosos ante los ataques aéreos de los aliados.
6.4.6.5 La invasión de Italia
El 10 de julio de 1943, tras la capitulación de la isla italiana de Pantelleria, lugar de gran importancia estratégica en la zona del Mediterráneo, el ejército aliado invadió Sicilia. Seis días después, el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill se dirigieron a través de un mensaje por radio al pueblo italiano pidiendo su inmediata rendición para evitar mayores devastaciones. Al día siguiente, los aviones aliados arrojaron sobre Roma panfletos advirtiendo de un posible ataque contra las instalaciones militares próximas a la ciudad y prometiendo el máximo cuidado para no destruir ni edificios habitados ni monumentos. Aproximadamente unos 500 bombarderos aliados tomaron parte en la destrucción de los depósitos de armas, fábricas de municiones y aeródromos cercanos a la ciudad.
El bombardeo desencadenó un éxodo masivo de la población romana y provocó el estallido de la crisis política. Durante el ataque, Mussolini se encontraba en Verona con Hitler decidiendo las medidas que había que tomar frente a la invasión aliada. Cuando regresó a Roma tuvo que hacer frente a la petición de una reunión del Gran Consejo Fascista para analizar la crisis del Ejército italiano. Tras un duro debate, el Consejo retiró su confianza a Mussolini. El 25 de julio, el rey Víctor Manuel III solicitó su dimisión y lo puso bajo arresto militar. Además, le encargó al mariscal Pietro Badoglio la formación de un nuevo gobierno, cuyas primeras medidas fueron decretar la completa abolición de las organizaciones fascistas en Italia.
6.4.6.6 Capitulación y armisticio
La caída de Mussolini provocó la celebración de clamorosas manifestaciones pacíficas en todo el país. Mientras tanto, los aliados continuaban su avance en Sicilia. Churchill instó a Italia a elegir entre romper su alianza con Alemania o sufrir las consecuencias de un agravamiento del conflicto. El general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas, prometió al pueblo italiano una paz honrosa si los italianos retiraban su ayuda a los alemanes. A mediados de agosto, cuando los aliados iniciaron la invasión de la península italiana, un representante del primer ministro Badoglio llegó a Lisboa con la oferta de unirse a los aliados contra Alemania. Oficiales estadounidenses y británicos negociaron con el emisario italiano, partiendo de la base de la rendición incondicional de Italia. El 3 de septiembre, día en que comenzó la invasión del sur de Italia, se firmó el armisticio.
6.4.6.7 La lucha por Italia
El anuncio del armisticio desencadenó una trepidante carrera entre aliados y alemanes para hacerse con los territorios, bases, armas, suministros, comunicaciones y demás material anteriormente bajo control italiano. Una gran fuerza anfibia británico-estadounidense desembarcó en las playas de Salerno, al sur de Nápoles, para dirigirse al interior y cercar las unidades alemanas que estaban en la vanguardia del Ejército británico. Sin embargo, los alemanes refrenaron el avance de las tropas aliadas hasta que las unidades alemanas del sur de Italia se retiraron. Además, tomaron las ciudades y puntos estratégicos del centro y norte del país, desarmaron a las tropas italianas y rodearon a miles de supuestos enemigos. El 10 de septiembre ocuparon Roma, de donde dos días antes habían huido el rey Víctor Manuel III y Badoglio. Los aliados fueron más afortunados en la carrera por el control de la flota italiana. En respuesta a un mensaje del comandante de marina aliado en el Mediterráneo, todos los barcos de guerra italianos útiles abandonaron sus bases en La Spezia y otros puertos italianos para rendirse a los aliados, según los términos del armisticio firmado por Italia.
Los alemanes conservaron la ayuda de los profascistas italianos gracias al anuncio, en septiembre, de la proclamación de la República Social Italiana, regida por Mussolini en oposición al gobierno de Badoglio. El dictador italiano había sido liberado de su prisión por tropas paracaidistas alemanas, por lo que no pudo hacerse efectiva la promesa de Badoglio de entregar Mussolini a los aliados.
6.4.6.8 Italia declara la guerra a Alemania
Según las peticiones de los aliados y del pueblo italiano, el 13 de octubre, Badoglio hizo pública la declaración de guerra por parte de Italia a Alemania y reorganizó su gobierno de forma más democrática. Para llevar a cabo su pretensión de contar para su gabinete con los líderes de varios grupos políticos antialemanes, inició una serie de consultas con los dirigentes de seis partidos políticos disueltos por Mussolini que habían formado el Comité de Liberación Nacional. Sin embargo, dichas formaciones manifestaron que sólo consentirían en formar un gobierno representativo si el rey abdicaba. Víctor Manuel se negó y Badoglio renunció a tomar parte en cualquier acto tendente a su expulsión. Como solución temporal, organizó el llamado ‘gobierno técnico de expertos’ no pertenecientes a partidos políticos cuyo objetivo era dotar al país de un gobierno. En noviembre el Comité de Liberación Nacional votó en contra del primer ministro y pidió la abdicación del rey.
6.4.6.9 El Rey abdica
En abril de 1944, Víctor Manuel III anunció su decisión de retirarse de la vida pública y nombró a su hijo Humberto, más tarde Humberto II, lugarteniente general del Reino, nombramiento que sería efectivo cuando las tropas aliadas entrasen en Roma. Esto dejó libre el camino para la formación de un gobierno representativo del Comité de Liberación Nacional. El Ejército aliado liberó Roma el 4 de junio, tras lo cual el rey abdicó en su hijo Humberto. Sin embargo, los dirigentes de los partidos del Comité se negaron por unanimidad a formar gobierno bajo las órdenes de Badoglio. Finalmente, el puesto de primer ministro fue ocupado por Ivanoe Bonomi, que formó un gobierno de coalición.
Los planes de reformas internas que este gabinete pretendía llevar a cabo resultaron en su mayor parte nulos, ya que el gobierno se encontraba bajo la jurisdicción y control de los aliados. Oficiales estadounidenses y británicos, temerosos de todo lo que pudiera obstaculizar los esfuerzos de guerra aliados, vetaron todas las tentativas de cambio económico o social. Las autoridades aliadas tampoco veían con buenos ojos a los voluntarios antifascistas y a los miembros de la resistencia, la mayoría de ellos radicales. El nuevo gobierno manifestaba, pese a su heterogeneidad, cierto consenso respecto a los temas políticos básicos. Los liberales de clase media y los radicales de clase obrera compartían la creencia de que los términos del armisticio serían modificados y de que Italia tendría la oportunidad de transformarse en una democracia independiente. Los comunistas y socialistas, enconados adversarios políticos, pedían reformas económicas. Incluso entre los comunistas y los católicos existían parcelas de entendimiento común.
6.4.6.10 Un duro invierno
El invierno de 1944-1945 estuvo marcado por las grandes penalidades que hubo de soportar la población, en especial las regiones devastadas por los alemanes en su retirada. Por todo el centro del país se veían pueblos incendiados, campos inundados y fábricas, vías férreas, estaciones eléctricas y puentes en estado ruinoso. Unas 800.000 ha de tierras de cultivo estaban sin sembrar y los artículos de primera necesidad habían alcanzado precios prohibitivos. A la vista de la miseria generalizada, el PSI y el partido de Acción criticaron duramente el liderazgo de Bonomi. La paralización de la actividad industrial, el desempleo masivo y la elevadísima inflación frustraban los esfuerzos del gobierno encaminados a la rehabilitación de la economía del país.
6.4.6.11 La muerte de Mussolini
La ofensiva aliada final comenzó en abril de 1945 y a finales del mes el Ejército alemán había sido completamente derrotado. Mussolini, junto con su amante, Clara Petacci, y varios oficiales de alta graduación, cayó en manos de los partisanos en una pequeña ciudad cercana al lago Como. Tras la celebración de un juicio sumarísimo, el 28 de abril fueron ejecutados. Después de producirse la rendición de los alemanes, el 2 de mayo del mismo año, los seguidores de Mussolini sufrieron crueles actos de venganza. Sólo en Milán, más de 1.000 seguidores del fascismo fueron fusilados.
6.4.6.12 El ascenso de De Gasperi
En cumplimiento de una promesa previa, Bonomi dimitió tras la liberación del norte de Italia. Tras ello, se formó un gobierno de coalición con representación de todos los miembros del Comité de Liberación Nacional. El nuevo gobierno encabezado por Ferruccio Parri, líder del Partido de Acción, no fue capaz de dar soluciones a los problemas con que se enfrentaba Italia. En octubre, los monárquicos y los dirigentes del Partido Liberal acusaron al primer ministro Parri de violación de la tregua sobre la cuestión de la monarquía, y este se vio obligado a dimitir. La crisis consiguiente quedó patente en las manifestaciones violentas en protesta por el alto índice del coste de vida en el sur de Italia. El Comité de Liberación Nacional decidió finalmente nombrar primer ministro a Alcide de Gasperi, líder del Partido de la Democracia Cristiana, que asumió el cargo el 9 de diciembre.
El año 1946 fue de una dureza sin par para la mayoría del pueblo italiano. Aunque las privaciones daban lugar a ocasionales manifestaciones del malestar civil que dominaba el ambiente, el estado de la población fue de indiferencia durante la campaña que precedió al referéndum nacional y durante las elecciones de junio para elegir la Asamblea Constituyente. En abril, durante la convención del Partido de la Democracia Cristiana, quedó patente el sentimiento antimonárquico en el resultado de la votación celebrada, en la cual los partidarios de la república ganaron por una ventaja de 3 a 1. El 9 de mayo el rey Víctor Manuel III abdicó en favor de su hijo Humberto II.
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