Francia, Historia parte 2,

Republica de la India, Gobierno, Economia, Politica, Geografia, poblacion

7.3.3 Los vikingos y la fundación de Normandía

La desunión de los francos facilitó las incursiones de los normandos o vikingos. Los puertos, las ciudades ribereñas y los monasterios situados cerca de las vías fluviales se convirtieron en sus objetivos. Fueron saqueadas Ruán y París, a orillas del río Sena; Tours, Nantes, Blois y Orleans en el Loira; y Burdeos en el Garona, entre otras ciudades. Lo mismo ocurrió con las abadías, como la de Saint Denis, Saint Philibert, Saint Martin y Saint Benoît. Roberto el Calvo, un importante señor del valle del Sena de mediados del siglo IX, fue uno de los defensores más enérgicos contra esas incursiones.

Los vikingos establecieron bases para sus operaciones, normalmente en las desembocaduras de los ríos, pero a veces intentaban mantener asentamientos permanentes. En el 911, un numeroso grupo bajo el mando de Rollo aceptó del monarca del reino Franco Occidental, Carlos III el Simple, el territorio del curso bajo del Sena que recibió el nombre de Normandía.

En el 888 la corona del reino Franco Occidental recayó en el conde Eudes, hijo de Roberto el Calvo, pero después de su muerte ésta volvió a los carolingios, que tenían poca influencia. Durante el reinado de Luis V (967-987), su hegemonía se limitaba a su castillo y alrededores inmediatos.

7.4 Los primeros Capetos (987-1180)

A la muerte de Luis V, los principales señores se volvieron hacia Hugo I Capeto, duque de Francia y descendiente de Roberto el Calvo y de Eudes. Hugo fue elegido rey, no porque fuera poderoso, sino precisamente porque no era suficientemente fuerte como para someter a los otros príncipes territoriales; de hecho, se aseguró la elección sólo por ceder la mayoría de sus tierras a sus electores.

Los nobles franceses no tenían la intención de instaurar la dinastía de los Capetos, pero Hugo actuó rápidamente para que su hijo Roberto fuera coronado. Cuando Roberto accedió al trono con el nombre de Roberto II, en el 996, nombró a su hijo Hugo como sucesor, pero Hugo murió y, otro de sus hijos, Enrique, fue coronado en el 1031. Desde el año 987 hasta el 1328, durante más de tres siglos, los Capetos transmitieron la corona por línea masculina directa.

Los primeros Capetos estuvieron subordinados a los príncipes feudales, pero la reconstrucción de la administración real, marcada por el reciente auge de los funcionarios reales, ya era evidente a mediados del siglo XI. No obstante, a finales de esa centuria, Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, y Hugo el Grande, abad del monasterio de Cluny, aunque nominalmente vasallos del rey, fueron más poderosos que el propio rey Felipe I (de Francia).

El sucesor de Felipe I, Luis VI el Gordo consolidó el poder real definitivamente en la Île-de-France, una región con centro en París que se extendía unos 160 km de norte a sur y unos 80 km de este a oeste. En esta zona, el monarca suprimió sistemáticamente toda la oposición feudal a su gobierno. El rey educó a su hijo, el futuro Luis VII el Joven, en la abadía de Saint Denis, en el norte de París, de donde salió en el 1137 para casarse con Leonor, heredera del ducado de Aquitania.

Gracias a este matrimonio, Luis VII consiguió incorporar a sus dominios los extensos territorios comprendidos entre el río Loira y los Pirineos, que eran propiedad de Leonor. En el 1147, Luis participó en una cruzada a Tierra Santa, llevándose consigo a su esposa. Mientras estaban en Oriente se rumoreó que ella había cometido adulterio. Como a Leonor no le había agradado la boda y no había tenido un heredero varón, ambos cónyuges pidieron la anulación papal del matrimonio, que consiguieron en 1152. Dos meses después, Leonor contrajo matrimonio con Enrique, conde de Anjou y duque de Normandía, que en 1154 se convirtió en rey de Inglaterra con el nombre de Enrique II. Así, Aquitania pasó de la corona francesa a la inglesa, y los territorios controlados por Enrique en Francia (el Imperio angevino) excedían en extensión a los de su nominal señor feudal, Luis VII.

7.5 Los últimos Capetos

La situación de la dinastía de los Capetos mejoró bajo el sucesor de Luis VII, Felipe II Augusto.

7.5.1 El reinado de Felipe II Augusto (1180-1223)

Por medio de su primer matrimonio, Felipe consiguió nuevos territorios en el norte de Francia —Artois, Valois y Vermandois—. También aseguró el control real sobre el Vexin, un área pequeña pero vital en el río Sena, por constituir la frontera entre Normandía y la Île-de-France. Felipe intervino brevemente en la tercera Cruzada (1190-1191).

Su oportunidad para actuar contra el Imperio angevino llegó cuando el rey Juan de Inglaterra se casó con una princesa ya prometida a otro de los vasallos de Felipe. Éste convocó a Juan a su corte tres veces y al no presentarse le condenó y declaró la pérdida de sus territorios. En 1204, Felipe emprendió la conquista militar de Normandía y Anjou. Diez años después, el monarca francés aseguró los territorios conquistados al vencer a una coalición formada por el Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra y Flandes en la batalla de Bouvines.

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Los cátaros o albigenses, una secta religiosa disidente particularmente fuerte en Provenza y en el Languedoc, propiciaron la intervención del reino de Francia en el sur. El pontificado de Inocencio III (1198-1216) alentó nuevas misiones de apostolado hasta que en 1208 uno de sus representantes en la región, Pedro de Castelnau, fue asesinado; esto hizo que Inocencio propugnara una nueva Cruzada, que hasta entonces sólo se habían utilizado contra los musulmanes, como una forma de combatir a los heréticos cátaros. Se les prometió a los cruzados la posesión de los terrenos que arrebataran a los herejes, y los caballeros del norte de Francia, bajo el mando del conde Simón de Montfort, se apresuraron a participar en la misma. Felipe II Augusto estaba también ocupado reuniendo a sus súbditos ingleses para tomar parte en la primera fase de la Cruzada albigense, pero fue su hijo Luis VIII el León quien dirigió una campaña exitosa que finalizó con la expansión del dominio real hacia la costa mediterránea. Esta integración política del sur en el reino de Francia representó la destrucción de la cultura autóctona de Provenza y Languedoc y costó la vida al propio rey Luis VIII, que murió en la Cruzada.

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7.5.2 Luis IX

Luis IX el Santo subió al trono a la edad de 12 años, con su madre Blanca de Castilla como regente. Algunos de los señores feudales franceses pensaron que era un momento apropiado para rebelarse contra el gobierno real y unieron sus fuerzas con los ingleses, quienes estaban impacientes por recuperar los territorios perdidos, pero Blanca fue capaz de sofocar sus conspiraciones y rebeliones.

El gran logro nacional de Luis IX, que gobernó entre 1226 y 1270, fue conseguir la lealtad de las provincias conquistadas a través de una administración justa y equitativa. El monarca tuvo cuidado de impedir la corrupción y el abuso de autoridad mediante el envío de investigadores para recoger las quejas de sus súbditos contra los oficiales reales. Bajo su mandato, el gobierno real se hizo más profesional y especializado.

Como hombre devoto, Luis deseó coronar su carrera con una Cruzada, por lo que en 1247 marchó al Oriente Próximo. Dirigió un ataque en Damietta (Egipto), pero los defensores musulmanes frenaron pronto su avance. Luis viajó entonces hacia Tierra Santa para reforzar las fortificaciones cristianas. En 1270 preparó una nueva Cruzada, pero una epidemia de peste diezmó su ejército y provocó su muerte mientras atacaba Túnez. A pesar de su intervención en las malogradas séptima y octava Cruzadas, Luis fue querido y respetado. Después de su muerte se le atribuyeron varios milagros y, en 1297, fue santificado.

Felipe III el Atrevido fue el quinto rey francés que consecutivamente participó en las Cruzadas —en este caso para luchar contra los musulmanes en la península Ibérica— y el tercero en morir en una de ellas. Acordó el matrimonio de su hijo con la heredera del condado de Champaña, que de esta manera se añadió a las posesiones de la Corona francesa.

7.5.3 Felipe IV el Hermoso

Felipe IV el Hermoso, el último de los grandes reyes Capetos, fortaleció en gran medida los poderes regios. El monarca eligió consejeros capaces y ambiciosos al servicio de su administración, de los que los más conocidos fueron Guillermo de Nogaret y Pierre Dubois. Juntos intentaron suprimir las limitaciones a la autoridad real, usurpada en parte por los privilegios especiales o las prerrogativas provinciales. Se obligó a obispos, barones y ciudadanos a cooperar con el rey, bien sometiéndoles a la justicia real o demandando nuevos impuestos para la corona. El rey anexionó con éxito el Franco Condado, Lyon y zonas de Lorena, pero fracasó en su intento de controlar Flandes.

La intervención de Felipe IV en Flandes fue muy costosa, lo que le llevó a intentar gravar con impuestos al clero provocando un agudo conflicto con el papa Bonifacio VIII, derivado de las diferentes concepciones de soberanía que ambos defendían. En 1297, Bonifacio aceptó que, por circunstancias excepcionales de la ‘defensa del dominio’, un rey pudiera solicitar impuestos al clero sin consultar al Papa. Sin embargo, no admitió los derechos del rey para arrestar a un sacerdote por un cargo secular. Se intercambiaron ataques difamatorios y disputas legales. Nogaret dirigió una expedición a Italia con la intención de apresar a Bonifacio VIII y conducirle a Francia para ser juzgado. En Anagni tuvo lugar un violento enfrentamiento y poco después murió el anciano Papa. En 1305, la influencia de Felipe aseguró la elección de un papa francés, Clemente V, que trasladó la sede pontificia de Roma a Aviñón en 1309.

La ambición insaciable de Felipe le llevó a expulsar a los judíos del reino y a confiscar sus riquezas. Por la misma razón persiguió y eliminó a la acaudalada orden de los Caballeros Templarios.

Felipe consiguió fortalecer el gobierno real, pero sus métodos arbitrarios socavaron el respeto que había conseguido la monarquía con sus antecesores. El sistema administrativo continuó funcionando bien a lo largo de los siglos XIV y XV, pero el prestigio de la monarquía disminuyó mucho y fueron cuestionadas a menudo sus prerrogativas. Este descenso de prestigio estuvo acompañado por una ruptura en la línea sucesoria: entre 1314 y 1328, cuatro hijos de Felipe IV —Luis X, Juan I, Felipe V y Carlos IV el Hermoso— subieron al trono sucesivamente y todos murieron sin dejar ningún heredero varón.

7.6 Francia bajo los primeros Valois

A la muerte de Carlos IV, la corona pasó al sobrino de Felipe IV, Felipe de Valois, que reinó como Felipe VI desde 1328 hasta 1350. El rey inglés Eduardo II se casó con la hija de Felipe IV; aunque en un primer momento este matrimonio no parecía plantear ningún problema para la sucesión francesa, más adelante Eduardo III se convirtió en rival de Felipe VI por el control de Flandes y Felipe apoyó a los escoceses en contra de Eduardo. En 1337 el monarca inglés presentó su solicitud como heredero al trono francés por ser nieto de Felipe el Hermoso. Felipe VI contestó declarando ilegal la ocupación inglesa de Gascuña y ambos reinos entraron en conflicto, iniciándose la guerra de los Cien Años.

7.6.1 La guerra de los Cien Años (1337-1453)

Los ingleses comenzaron tomando el control del canal de la Mancha tras derrotar a la flota francesa en los Países Bajos, lo que les permitió atacar libremente el norte de Francia. La primera gran confrontación en tierra firme tuvo lugar en Crécy, en 1346, y supuso una victoria absoluta para los ingleses permitiéndoles sitiar Calais, que capituló después de dos años.

7.6.2 La peste negra

En 1348, la peste bubónica entró en Francia procedente del Mediterráneo a través de Marsella. La epidemia hundió al país en dos años, muriendo más de una tercera parte de la población. La disminución de mano de obra provocó que los precios y los salarios subieran bruscamente, afectando a los ingresos de la Corona.

La segunda mitad del siglo XIV fue un periodo sombrío, marcado por varias manifestaciones que reflejaban el malestar social. La plaga se reprodujo en 1361, 1362, 1369, 1372, 1382, 1388 y 1398. Los niños nacidos después del brote epidémico fueron especialmente vulnerables a la nueva epidemia, que redujo aún más la población. El trastorno psicológico, consecuencia de estos desastres, se hizo patente en una obsesión por la muerte y en una proliferación de movimientos religiosos fanáticos y aberrantes. También se produjeron rebeliones violentas de los campesinos, atrapados entre los altos precios de los productos y los terratenientes que intentaban incrementar la producción, o en su defecto aumentar los impuestos. El levantamiento de campesinos más famoso y extendido fue la jacquerie de 1358. El campo también fue víctima de las bandas de mercenarios franceses e ingleses que asolaban las poblaciones durante los momentos de descanso bélico. El descontento urbano dio lugar a violentos levantamientos, como la insurrección de París dirigida por Étienne Marcel en 1358. Con una economía deprimida, los costes de la guerra continuaron acumulándose; el fuerte rescate pagado por el rey Juan II, que fue hecho prisionero por los ingleses en la batalla de Poitiers en 1356, agravó aún más la situación. Durante este periodo los Estados Generales, convocados por primera vez por Felipe IV, consiguieron un gran poder.

7.6.3 Juana de Arco y la recuperación militar, social y económica

La fortuna de Francia no mejoró durante los 42 años de reinado del rey Carlos VI (1380-1422). El rey inglés Enrique V invadió Francia en 1415, derrotó al ejército francés en la batalla de Agincourt y tomó el control de la mayor parte de Francia al norte del Loira.

La reanimación francesa bajo Carlos VII (1422-1461) comenzó con la figura de Juana de Arco. Ésta convenció al monarca para que le diera el mando del ejército, que rompió el asedio inglés sobre la ciudad de Orleans en 1429. La guerra continuó durante más de 20 años, pero los franceses nunca perdieron el impulso conseguido con la breve intervención de la dinámica joven de Lorena. En 1453 Carlos entró en Burdeos y los ingleses tuvieron que ceder todos sus territorios continentales, excepto Calais.

La reactivación social y económica acompañó a la recuperación política. Durante los años centrales y finales del siglo XV, la fuerza de la economía y la tasa demográfica volvieron a los niveles anteriores a la aparición de la peste. Luis XI (1461-1483) consolidó la autoridad real, que fue la mayor conseguida hasta el momento, creando un ejército profesional y consiguió poder para aumentar los impuestos —el taille— sin consentimiento superior. Incorporó la mayor parte del ducado de Borgoña a su reino y utilizó los ingresos reales para proteger, facilitar y estimular el desarrollo económico.

Carlos VIII le sucedió en el trono a los 13 años de edad. Su hermana, que actuó de regente, concertó su matrimonio con Ana, duquesa de Bretaña. Por su matrimonio, el último principado feudal independiente se incorporó a la Corona francesa. Cuando finalizó la regencia de su hermana en 1492, Carlos acordó el Tratado de Étaples, que puso fin a las diferencias pendientes con Inglaterra.

7.7 El renacimiento y la Reforma

A finales del siglo XV, Francia había superado las divisiones territoriales de su pasado feudal y se convirtió en una monarquía nacional que incorporaba la mayoría de los territorios comprendidos entre los Pirineos y el canal de la Mancha. La estructura social estaba todavía dominada por la nobleza terrateniente y la tierra seguía siendo la fuente de riqueza principal. Sin embargo, en la mitad del siglo siguiente, la paz interna, el aumento de la población, la afluencia a Europa de oro y plata traídos de América por los españoles y los trabajos públicos del gobierno estimularon el crecimiento de la economía, que elevó la posición social de los grandes comerciantes, los banqueros y los cobradores de impuestos. Por otra parte, la nobleza, dependiente de las rentas monetarias fijas y de las deudas, vio cómo la inflación amenazaba su poder económico y su posición social.

Los tres primeros monarcas del periodo —Carlos VIII, Luis XII y Francisco I— aprovecharon el fuerte crecimiento de la nación y la estabilidad interna para reclamar por las armas el reino de Nápoles y el Milanesado. En la década de 1520, las guerras italianas se convirtieron en una larga disputa entre Francia y la dinastía de los Habsburgo reinantes en España y Austria, un enfrentamiento que continuó de forma intermitente durante un siglo y medio. Las guerras italianas terminaron finalmente con la Paz de Cateau-Cambrésis (1559), negociada por el hijo de Francisco I, Enrique II, que reinó desde 1547 hasta 1559. Francia renunció a todas sus pretensiones en Italia, pero consiguió tres territorios estratégicamente localizados en su frontera oriental: los obispados de Metz, Toul y Verdún.

7.7.1 Francisco I

Francisco I incrementó significativamente tanto el poder como el prestigio de Francia. Gobernó de forma personal y nunca convocó a los Estados Generales. Según el Concordato de Bolonia (1516), negociado con el papa León X, el rey francés alcanzó la prerrogativa de nombrar todos los obispos y otros cargos beneficiados de la Iglesia, asegurándose de ese modo un clero manejable. En 1539 excluyó el latín de los actos jurídicos e impuso el uso exclusivo del francés. Francisco I fue un destacado mecenas que hizo florecer el arte renacentista francés y la educación.

7.7.2 Las guerras de religión

El aumento de la población, sin el correspondiente aumento en la producción, y la inflación monetaria llevaron a la mayoría del pueblo a la pobreza. La Reforma protestante, que se extendió desde Alemania durante el reinado de Francisco I, había atraído a muchos seguidores; pero en las décadas de 1540 y de 1550 los postulados y doctrinas de Juan Calvino desarrollaron en Francia una forma peculiar del protestantismo, y consiguió el apoyo de muchos seguidores entre la nobleza y el pueblo llano. Enrique II consideró el calvinismo una amenaza a la autoridad real e intentó acabar con él. Bajo el reinado de sus tres hijos, que le sucedieron, las guerras de Religión, donde se mezclaron conflictos religiosos, políticos y dinásticos, desgarraron el país. El fanatismo religioso de los combatientes y la brutalidad de los mercenarios hicieron que en la guerra fueran habituales los saqueos, la crueldad y las atrocidades.

7.7.2.1 El régimen de Catalina de Medici

A la muerte de Enrique II en 1559, subió al trono su hijo de 15 años de edad Francisco II, que sucedió a su padre sólo durante dos años, 1559 y 1560. A Francisco le sucedió su hermano de 13 años, Carlos IX, que reinó hasta 1574. La reina madre, Catalina de Medici, fue la gobernante virtual durante casi todo este tiempo y continuó influyendo en el reinado de su tercer hijo, Enrique III (1574-1589). La principal preocupación de Catalina consistió en defender la autoridad real de sus hijos, comprometida por los enfrentamientos entre católicos y hugonotes. En este contexto se produjo la famosa masacre de la Noche de San Bartolomé, que tuvo lugar en París en agosto de 1572, cuando los católicos, aprovechando una reunión de dirigentes protestantes y sus numerosos seguidores, les atacaron asesinando a unas 2.000 personas.

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